Una revolución democrática para Ecuador
Por Il Manifesto / Federica Zaccagnini
Entrevista a Rafel Correa, el candidato de la izquierda ecuatoriana que va en
cabeza en los sondeos preelectorales. Si sale elegido, pretende poner por obra
una “revolución democrática”. Y habla aquí del
embrollo del dólar como moneda nacional, del tratado de libre comercio
con los EUU, de los bancos y las papas, de la integración de América
Latina. Le entrevistó para Il Manifesto Federica Zaccagnini.
Ecuador ha sido en 2000 el primer país de América Latina en abandonar
la moneda nacional, el sucre, adoptando como unidad contable, medio de pago y
reserva monetaria el dólar estadounidense.
A pesar de la contrariedad manifestada por la administración Clinton y
la Rserva Federal, el gobierno del presidente Jamil Mahuad, tras la profunda crisis
económica que se abatió sobre el Ecuador en 1999, decidió
renunciar definitivamente a la política monetaria y cambiaria: el país
no puede devaluar más, ni crear entradas merced a la creación de
moneda. Mahuad quería una moneda “fuerte como el cóndor andino
y que volase alto como el águila norteamericana”.
Esta jugada le hizo perder a Mahuad la presidencia, derrotado por una revuelta
popular, y la dolarización no ha logrado reforzar la economía, ni
ha contrarrestado realmente la inflación, sino que ha estabilizado un coste
de la vida insostenible para las clases medias y bajas; ha reducido la competitividad
del país, y el 60% de la población no puede satisfacer sus necesidades
básicas.
¿ Qué piensa de todo eso Rafael Correa, ministro de economía
en 2005 (antes de dimitir) con el presidente Alfredo Palacios y ahora candidato
favorito en las elecciones del próximo domingo, 15 de octubre ? Hace algunas
semanas, dentro de una gira europea con el ojo puesto en el gran venero electoral
constituido por la emigración ecuatoriana (medio millón en España,
20.000 en Italia: asistentes, jardineros, camareros...), pasó también
por Roma.
¿Cree que la dolarización fue el camino correcto? Si llega
a presidente, ¿tiene intención de abandonarlo?
Se decidió para congraciarse con las oligarquías bancarias y las
elites económicas. Un desastre: nos ha quitado competitividad, los bancos
nos tienen de rodillas; fue absurdo. Saldremos, si podemos. Porque en economía
hay cosas en las que es fácil entrar pero difícil salir: si ahora
introdujéramos una moneda nueva, tendríamos una crisis comparable
a la del 99. Es claro que el Ecuador no puede mantener una moneda fuerte y extranjera,
pero a corto plazo no podremos salir de ella: resultarían más caros
los capitales, precisamente cuando tenemos necesidad de renovar el país,
de realizar fuertes inversiones en lo social y de lanzar grandes políticas
de inclusión. A medio y largo plazo, sí. Tal vez en la perspectiva
de una moneda única de los países andinos.
Ecuador ha sido sacudido por fuertes protestas contra el Tratado de libre comercio.
Entre las exigencias de EEUU: supresión de las normas que amparan a los
trabajadores; desregulación del medio ambiente; desprotección de
los saberes ancestrales de los indígenas; exención de impuestos
de los beneficios que salen del país. Llegarán las papas norteamericanas,
más baratas, suplantando a las papas producidas por pequeños campesinos
andinos, y que son su principal alimento...
No sólo llegarán las papas subsidiadas por los EEUU. Es ésta
una política tendente a la destrucción de nuestras relaciones comerciales;
no tenemos moneda nacional, no podemos devaluar: más que nunca, tenemos
necesidad de manteneruna política comercial agresiva. ¿Cómo
habríamos de dejarnos atrapar en un mecanismo como éste? Sería
una locura. La empresa pequeña y mediana no está en condiciones
de competir con las transnacionales y con los bienes subsidiados. Tras la firma
del TLC en México, el NAFTA, se perdieron un millón y medio de puestos
de trabajo, se triplicó la emigración, y la única cosa que
se les ha ocurrido a los estadounidenses es construir un largo muro en la frontera.
México pasó de una autosuficiencia alimentaria a una total dependencia
de EEUU; ahora, ni siquiera tienen ya el maíz para sus tortillas. Y esto
ha ocurrido en un país mucho más desarrollado que nosotros. Nosotros
apoyamos las protestas también por una cuestión de democracia. El
pueblo quiere un referéndum, quiere expresarse; pero el gobierno lo rechaza.
Nuestra burguesía quiere hacer creer que el país entrará,
por medio del TLC, en la globalización. Las elites ecuatorianas y los EEUU
no hacen sino proteger sus intereses. Sería como decir que el tigre puede
atacar al conejo porque también el conejo puede atacar al tigre. Y aquí
se quieren imponer medidas que los mismos EEUU no han puesto jamás por
obra. Nosotros no estamos contra el comercio o la globalización, pero el
TLC está exclusivamente en función de de los intereses de los EEUU.
No podemos caer en esta trampa. El comercio está bien, pero no sin antes
aumentar nuestra base productiva, nuestra capacidad de generar empleo. Con este
fundamentalismo neoliberal no importa si se destruye la economía de un
país: sólo comprar y vender, hasta que llegas a ser completamente
dependiente. ¿ Acaso Washington deja a merced del libre mercado sus reservas
petrolíferas ?
Con Correa presidente, ¿emprenderá Ecuador un curso nuevo?
Es todo un pueblo el que marchará hacia delante; yo seré un mero
facilitador. Queremos hacer una revolución. Revolucionar la política,
echar a andar una democracia participativa con un poder que responda ante los
ciudadanos y no ante los partidos. La autodeterminación del pueblo ecuatoriano.
La revolución social que necesitamos: porque la educación y la salud
se han convertido en privilegios. Tenemos que asignar ahí recursos crecientes,
tomándolos de los recursos hasta ahora dedicados a satisfacer la deuda
de 10 mil millones de dólares. Exigiré una renegociación
de la deuda, haciendo compatible el pago con nuestro desarrollo. También
en el campo económico queremos una revolución. Actualmente, el sector
bancario está batiendo registros históricos de beneficios, mientras
que el país real está en situación de stress. Quien crea
la riqueza está en crisis, y quien la administra, gana cada vez más.
Significa que hay una distorsión tal del modelo económico, que se
privilegia la especulación financiera en vez de la generación de
trabajo y bienestar. La clase dirigente debe cambiar.
¿Usted representa ese cambio?
En eso andamos trabajando: si las elites continúan gestionando el poder,
no habrá cambio alguno. Nuestro concepto de desarrollo no pasa porque los
ricos estén mejor, sino porque les vaya mejor a los que les va peor.
¿Qué piensa usted de los vientos de izquierda que soplan
en América Latina ?
Creo que por fin está verificándose en América Latina un
cambio epocal. Han tratado de convencernos de que la mejor estrategia de desarrollo
consistía en dejar manos libres al mercado. Han tratado de imponernos el
mayor error de la historia: que el individualismo es el motor de la sociedad.
Un absurdo. América Latina está reaccionando, está construyendo
un socialismo del siglo XXI, que se adapte a sus problemas, sin esquemas preconcebidos,
ni ideologías y mitos importados.
¿Está América Latina en marcha hacia la tan anhelada
integración?
Es prematuro hablar de una unión de toda América Latina, pero ése
es el objetivo para el que muchos estamos trabajando. El objetivo no debe ser
la creación de un consumidor latino, con una óptica exclusivamente
comercial. Tenemos que crear una ciudadanía sudamericana, una lógica
de cooperación, no de concurrencia, y entrar así en la globalización.
No con el TLC...
Traducción: Ramona Sedeño
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