Cambio de época
Por Diego Jiménez / didac_mur@yahoo.es
En el apéndice de ‘Las venas abiertas de América Latina’ (1978), el lúcido y comprometido escritor uruguayo Eduardo Galeano escribía: “El subdesarrollo latinoamericano es una consecuencia del desarrollo ajeno. Los latinoamericanos somos pobres porque rico es el suelo que pisamos”. Lejos en el calendario, pero cerca en la memoria, evocamos hoy los tiempos en que las elites del continente, en clara sintonía con la avidez de poder y dinero de las multinacionales extranjeras, se aliaron con los sables para sojuzgar y domeñar los estertores de la disidencia interna.
Soplan hoy nuevos aires por aquellas tierras. Las dictaduras de los ’70 pasaron. Tenues son ahora las respuestas guerrilleras que crecieron al calor de la guerra fría. Empero, en todo el solar latinoamericano empiezan a oírse las voces de ‘los sin voz’. Mineros bolivianos, indígenas ecuatorianos, el Movimiento de los Sin Tierra, el pueblo venezolano, la resistencia de algunas de las antiguas democracias frente al gigante del Norte… Las venas de Latinoamérica se están cerrando. Y emerge con fuerza el protagonismo del movimiento indígena. El caso más palmario es el reciente triunfo de Evo Morales, en Bolivia. Pero próximamente el cambio puede llegar a Ecuador. El 15 de octubre las elecciones presidenciales de aquel país podrían contemplar el advenimiento de Rafael Correa a la máxima magistratura de esa República andina. Ex ministro de Economía y Finanzas del actual presidente en funciones, Alfredo Palacio, Correa dimitió cinco meses después de su paso por el ministerio en protesta por la presión que las multinacionales petroleras ejercían sobre el mismo. Correa estuvo recientemente en Murcia, como candidato presidencial por la nueva formación política ‘Alianza País’, para entrevistarse con representantes sociales, sindicales y de la numerosa colonia ecuatoriana residente en nuestra tierra. Y tuve el honor de formar parte de la modesta delegación política (del PSRM-PSOE y de IURM) que le recibió. Sólo transcurrieron unos instantes desde que empezó a hablar, y pudimos comprobar la gran talla humana, la sencillez y el cálido trato que adornan la personalidad del candidato. Correa, economista de 43 años y humanista cristiano, como gusta definirse, con un verbo fluido, pero contundente, pasó revista a la delicada situación política, económica y social por la que atraviesa la República del Ecuador. Su ideario político se resume en la lucha contra la corrupción, revolución económica, identidad del país y unidad de acción en América Latina. Criticó las erráticas políticas de la oligarquía dominante, la subordinación servil de la economía nacional a los leoninos contratos con las multinacionales petroleras, y lamentó la tragedia que supone para Ecuador tanto la diáspora de la inmigración como el proceso de dolarización en que está sumida la economía nacional. Pidió una necesaria revolución constitucional para esa República, un cambio político profundo, previo al de las reformas sociales y económicas que han de ponerse en marcha. Arremetió duramente el Tratado de Libre Comercio de las Américas (ALCA), y afirmó que Latinoamérica puede sobrevivir económicamente en un contexto de alianzas regionales y de relaciones comerciales privilegiadas con la Unión Europea, con la puesta en marcha de estructuras financieras autóctonas, y obviando los préstamos del Banco Mundial y las férreas recomendaciones de ajuste estructural impuestas por el Fondo Monetario Internacional. Animó al voto a la comunidad ecuatoriana residente en Murcia, para dar un vuelco a la situación política y social del país, con el pueblo como protagonista. El candidato Correa advirtió que en Latinoamérica más que a una época de cambios estamos asistiendo a un cambio de época.
Días después de su visita, el Ecuador ardía en protestas contra el ALCA. Y a diez días de las presidenciales de Perú, el nacionalista Ollanta Humala, opositor a Fujimori, arrasa en las encuestas. Aires nuevos de renovación soplan por aquel continente.
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