PLAN DE GOBIERNO DE ALIANZA PAIS 2007 - 2011
(Comentarios, críticas y sugerencias a: plandegobierno@rafaelcorrea.com)
El documento completo puede bajarlo en formato
PDF desde la siguiente dirección:
http://www.rafaelcorrea.com/docs/Plan_de_Gobierno_Alianza_PAIS.pdf
Quito, 10 de noviembre del 2006
De nuestras consideraciones:
A nombre de Alianza País queremos expresarle nuestro agradecimiento
por su valioso aporte para la construcción colectiva de los
sueños y propuestas que nos permitirán hacer realidad
una Patria Altiva I Soberana.
Con ocasión de presentar la décimo quinta edición
del Plan de Gobierno de Alianza País, enriquecida, actualizada
y corregida, queremos invitarle a usted para continuar en este empeño.
Los aportes recibidos provienen de todos los rincones de nuestro
Ecuador, incluyendo muchos, muchísimos insumos enviados por
nuestros compatriotas residentes en el exterior. Además,
debemos reconocer que, en vista de que las propuestas llegadas a
nuestra oficina superan las centenas, no hemos podido procesar toda
la información de la manera que sus valiosas aportaciones
se merecen. Pero estamos convencidos de sí haber recogido
lo central de sus sugerencias y comentarios.
De todas maneras, seguiremos trabajando sobre estos materiales
para continuar enriqueciendo el Plan de Gobierno de la Alianza País.
Después del triunfo, con creciente ánimo, responsabilidad
y desprendimiento tendremos que cristalizar en políticas
concretas y específicas nuestro Plan de Gobierno. La tarea
recién empieza.
Recordemos que este próximo 26 de noviembre debemos asegurar
el triunfo electoral, definiendo la suerte de nuestro Ecuador entre
una Patria Soberana o una república bananera. Hay mucho que
hacer todavía. Cada voto cuenta, pues las fuerzas oligárquicas,
dotadas de millones y millones de dólares, carentes de escrúpulos
e irrespetuosas de la ley, no van a ceder espacios. Nuestra fuerza
radica en nuestro compromiso de lucha, en nuestra voluntad de cambio
y en nuestro espíritu de sacrifico.
En esta edición hemos introducido los nombres de la mayor
parte de las personas naturales y jurídicas que han colaborado
en esta construcción. Con toda seguridad faltan los nombres
de muchas más personas que han participado en cada localidad
aportando con sus anhelos de una Nueva Patria para todas y todos.
Esperamos junto a todos ustedes y junto al compañero Rafael
Correa llevar adelante este Plan de Gobierno.
Fraternalmente,
Fander Falconí
Director del Plan de Gobierno de la ALIANZA PAÍS
Luis Túpac-Yupanqui
Coordinador Ejecutivo del Equipo de Plan de Gobierno de la ALIANZA
PAÍS
¡Porque otro país es posible!
Un primer gran paso para la transformación radical del Ecuador
¿Qué país soñamos?
Queremos una Patria altiva y soberana donde TODOS y TODAS podamos
vivir bien y luchar por lo que soñamos para nosotros y nosotras,
para nuestros hijos e hijas, y para su descendencia, sin tener que
emigrar a otros países, alejándonos de familiares
y amistades. Pero ello no lo lograremos con gestiones minúsculas
y titubeos. Necesitamos hacer una verdadera revolución democrática
y responsable. Necesitamos construir una democracia radicalmente
participativa. Queremos desbloquear el falso dilema entre mercado
y Estado, no queremos un mercado descarnado que genera procesos
de acumulación de riqueza en pocas manos, pero tampoco queremos
un Estado ineficiente, que otorga prebendas y que transfiere recursos
de todos y todas a los grupos de poder, tal como ocurrió
con la sucretización de la deuda externa, en los procesos
de endeudamiento público y el salvataje bancario que nos
condujo a la inconsulta dolarización. El cambio es posible
si todos y todas nos comprometemos.
La consideración fundamental para construir el nuevo país
es incorporar a toda la población y no solo a una fracción
de ella en la vida nacional. Esto significa garantizar su acceso
a un nivel de bienestar que responda a sus necesidades mínimas
básicas, a su interés de desarrollo, y su conversión
en ciudadanos y ciudadanas. Hoy este desafío es mucho más
difícil y complejo, si se considera el proceso de globalización
internacional y apertura en que se encuentra inmersa la economía
nacional, así como la prolongada crisis que le afecta. De
hecho, entraña el establecimiento de una nueva estrategia
de desarrollo.
Para pensar en un país diferente tenemos que construir un
Ecuador donde se practiquen valores fundamentales como la democracia,
la solidaridad, la justicia, la ética y en especial la equidad
en todos los ámbitos: social, económica, ambiental,
étnica, de género, intergeneracional. Sólo
a partir de la vigencia efectiva de dichos valores es posible pensar
en una Patria digna y soberana.
Somos un país de distintos y diversos pueblos y cosmovisiones,
con distintas historias y urgencias, pero que compartimos necesidades
comunes y sueños comunes. Esa diversidad no es un obstáculo,
sino una fortaleza, pero para que se exprese de la mejor manera
debe contar con mecanismos genuinamente democráticos. En
ese camino, es necesario fortalecer los espacios políticos
democráticos y la participación ciudadana; la presencia
de la sociedad civil es indispensable. Es a través de estos
mecanismos que debemos crear también nuevas y propias estrategias
de desarrollo con equidad y respeto a la diferencia.
Eso no ha sido posible hasta ahora. Los sueños de los pueblos
del Ecuador se han visto permanentemente truncados por los sucesivos
desgobiernos, por la partidocracia, por la oligarquía y también
por las imposiciones foráneas. Todos ellos nos han llevado
a tocar fondo, nos han llevado a sumirnos en las peores condiciones
de pobreza, de desigualdad, de descomposición social y de
deterioro ambiental, pero lo que no han podido hacer es quitarnos
la capacidad para soñar, para atrevernos a soñar,
para hacer de nuestros sueños un ejercicio colectivo de liberación
y cambio radical.
Soñamos con ese desarrollo equitativo que respete las especificidades
de nuestra sociedad diversa. Soñamos en un país de
manos limpias, con comportamientos públicos y privados apegados
a la ética, con transparencia de información y rendición
de cuentas. En un país cuya sociedad plasme el mensaje del
Libertador Simón Bolívar, que “sin igualdad
perecen todas las libertades, todos los derechos”.
Soñamos en un país donde se viva un Estado Social
de derecho, que se trace un horizonte común, que garantice
seguridad y justicia a los ciudadanos, con instituciones de control
independientes y despartidizadas. Un país donde se practique
una democracia deliberativa y consensual, una democracia representativa
que profundice cada vez más sus rasgos participativos, con
una profunda democratización de los partidos políticos
y de las organizaciones sociales, acompañada de una participación
ciudadana activa y responsable.
Soñamos en un país donde la convivencia entre ecuatorianos
se asiente en una plataforma sólida de derechos humanos,
civiles, económicos, sociales, culturales, ambientales. Un
país en donde estos derechos humanos no sean el punto de
llegada sino de partida, es decir un país que se piense desde
los derechos humanos en todos sus ámbitos, un país
en donde los defensores y las defensoras de estos derechos no tengan
que ir a medir su incumplimiento en las cárceles o en los
hospitales o en la morgue, sino que estén presentes, participando
activamente, en la construcción de este nuevo país.
Soñamos en un país donde la vivencia de la condición
pluricultural sea una expresión permanente, tanto de la diversidad
como de la continuidad histórica que implica la pluriculturalidad,
entendida como construcción diferenciada de la realidad social.
Un país que haya aprendido a rescatar el valor de la diversidad
y de la diferencia, pero que destierre la desigualdad y la inequidad.
Un país en donde su gente la gente vive más y mejor,
puede escapar de la morbilidad evitable, puede estar bien alimentada,
puede ser capaz de leer, escribir, comunicarse, participar en tareas
artísticas, deportivas, literarias y científicas,
etc.
Soñamos en un país en donde la solidaridad es la
base para el funcionamiento de la seguridad social y de las prestaciones
sociales, para la provisión de educación y la salud
públicas, defensa, transporte público, servicios crediticios
y otras funciones que generan bienes públicos que no se producen
y regulan a través de la oferta y la demanda, pues no todos
los actores de la economía, ni todas las relaciones sociales
actúan movidos por el lucro, y, entre los que lo hacen, no
todos tienen el mismo poder de negociación.
Soñamos en un país con una economía que genera
riqueza, pero articulada a procesos redistributivos, incluyentes
y solidarios, que a su vez alentarán un crecimiento más
sostenible y sobre todo humano. Un país donde los procesos
económicos confronten al modelo de acumulación de
la riqueza en pocas manos, que garanticen un sistema económico
sustentado en la equidad, la libertad y la solidaridad. Un país
donde exista una verdadera apropiación de la riqueza por
parte de los pueblos, garantizando el desarrollo equitativo de las
regiones.
Soñamos en un país que goce de soberanía alimentaria,
cultural, energética, monetaria, enmarcado en relaciones
internacionales de mutuo respeto y cooperación. Un país
que ceda en forma conciente parte de su soberanía nacional
a cambio de construir una soberanía latinoamericana que haga
realidad el sueño de Bolívar, en el marco de la construcción
de la Patria Grande, en donde prime el respeto y defensa de los
derechos de las personas, de las comunidades, de los pueblos y de
los Estados.
Soñamos en un país competitivo, en el marco de una
competitividad sistémica y dinámica que englobe a
grandes, medianos, pequeños y micro productores y empresarios,
sin monopolios ni oligopolios privados. Un país competitivo
que no arriesgue a su gente y a su medio ambiente. Un país
donde la competitividad sea un medio y no el fin para tener un país
con pleno empleo. Un país donde tengan cabida plena los derechos
de los consumidores y de las consumidoras dentro de sólidos
procesos de ciudadanización.
Soñamos en un país en donde funcionen los mercados,
entendidos como espacios de construcción social organizada
en función de las necesidades del ser humano del hoy y del
mañana. Un país en donde lo social no sea una simple
muletilla para acompañar las depredaciones que provoca la
ideología de mercado.
Soñamos en un país con un Estado eficiente, solidario,
moderno, cuya gestión pública sea eficiente y descentralizada,
que responda a las demandas de un proceso de desarrollo equilibrado
de las regiones, fortalezca la democracia, coadyuve con la transparencia
de dicha gestión, sobre todo, a fortalecer el carácter
nacional del Estado. Un país en donde la fortaleza del Estado
y de sus diversas instancias nacionales y locales no sea medida
por su tamaño, sino por la calidad de sus decisiones y por
la profundidad democrática de su diseño y aplicación.
Soñamos en un país que ha conseguido una adecuada
integración entre sus diversas regiones, que ha desarrollado
por igual la ciudad y el campo, respetando sus especificidades,
así como sus ciudades intermedias y pequeñas, agobiadas
actualmente por diversas manifestaciones de centralismo gubernamental
y de concentración de la riqueza. Un país con vigorosos
encadenamientos fiscales, productivos y de consumo, así como
con una dinámica vinculación sectorial, en particular
de la agricultura con la industria y de las actividades de exportación
con el resto de la economía. Un país que ha superado
la burocratización de sus estructuras y la centralización
de la gestión pública.
Soñamos en un país con un sistema político
capaz de solucionar los conflictos en función de los intereses
nacionales, con un sistema político, económico y social
capaz de emprender en retos verdaderamente nacionales y de larga
duración, con un sistema jurídico estable, independiente
y justo, con un sistema legislativo con un elevado y fundamentado
nivel de debate de los asuntos públicos y con altos niveles
de representatividad y participación.
Soñamos en un país con instituciones que generen
confianza, que estén al servicio del pueblo y que sean un
orgullo de toda la sociedad. Un país que ha recuperado su
confianza y su autoestima. Un país que esté orgulloso
de sus ancestros indígenas. Un país que tenga la capacidad
para reescribir su historia desde la visión de los pueblos,
de la cual pueda sentirse orgulloso y responsable.
Soñamos en un país que tenga como motor de desarrollo
la educación, la salud y el empleo, que no sean la última
prioridad política y fiscal como sucede en la actualidad.
Soñamos en un país en donde el tronco de su vida esté
enraizado en sus culturas y tradiciones, como eje para construir
una modernidad propia con capacidad para incorporar lo mejor de
la cultura universal. Un país en donde sea un derecho real
acceder a los medios de comunicación y transporte más
avanzados del momento. Un país en donde todos sus habitantes
puedan expresarse libremente en los idiomas nacionales, a ser difundidos
y estudiados en forma sistemática, aprehendiendo todas aquellas
lenguas que hacen posible un convivir internacional dinámico
y creativo.
Soñamos en un país con medios de comunicación
que presenten de forma objetiva e independiente los sucesos nacionales
e internacionales, en el que el análisis de la calidad de
vida de la sociedad ecuatoriana sea la primera prioridad de la información,
en el que la denuncia de la corrupción no sea un simple escándalo,
en donde el respeto a la honra ajena sea una práctica normal.
Un país en donde el respeto a la opinión de los contrarios,
a la disidencia y a la crítica esté garantizada; en
ese país los privilegiados de hoy, muchos de los cuales son
los causantes de la tragedia nacional, tendrán incluso el
derecho a la memoria nostálgica.
Soñamos en un país con renovadas propuestas de política
económica que tenga al ser humano en su mira, que busquen
posicionar al productor y al consumidor, que atienda tanto el lado
de la demanda como el de la oferta sin sesgos dogmáticos
que a la postre frenan el desarrollo y que para lograrlo cuente
con un marco institucional socialmente elaborado y compartido.
Soñamos en un país con una sociedad que convive sin
violencia, pacíficamente y sin armas, en donde sus fuerzas
del orden estén supeditadas al poder democráticamente
constituido. Un país que no sea un campamento bélico
para agredir a sus vecinos, sino en un país transformado
en un campamento para construir día a día la paz,
asumiendo el mensaje del Mahatma Gandhi de que no hay un camino
para la paz, sino que la paz es el camino.
Soñamos en un país sin niños y mendigos en
las calles, con ancianos que gozan de una vejez digna y no solitaria,
en donde los discapacitados están cultural y productivamente
integrados en la sociedad, en donde las cárceles no son antros
para perfeccionar la criminalidad y atropellar sistemáticamente
los derechos humanos, sino espacios de resocialización. Soñamos
en país en cuyas ciudades sean amigables para los peatones,
los ciclistas, los motociclistas y sobre todo para los discapacitados.
Un país en donde la violencia de todo tipo, sobre todo la
de género e intergeneracional, no sea la noticia cotidiana.
Soñamos en un país en donde el rasismo y la xenofobia
no tengan cabida.
Soñamos en un país en donde los seres humanos convivamos
armónicamente con la Naturaleza, con sus plantas, con sus
animales, con sus ríos y sus lagunas, con su mar, con su
aire y todos aquellos elementos y espíritus que hacen la
vida posible y bella. Un país en donde no sea posible la
mercantilización depredadora de la Naturaleza.
Soñamos en una sociedad que celebre día a día
la riqueza de la vida, su gran diversidad biológica y cultural,
su Naturaleza compartida armónicamente como base de comunidades
democráticas y libres. Con un país que potencie para
sus habitantes y para sus visitantes sus maravillosas regiones costeras,
serranas, amazónicas e insulares.
Soñamos en un país alegre, optimista, propositivo.
Un país en donde no haya nadie sin futuro. Un país
que trascienda y tenga sentido para todos y todas. Un país
solidario y comprometido con las angustias de sus habitantes dentro
y fuera de sus fronteras, así como con los retos de la humanidad.
Un país que comprenda su papel histórico activo en
el concierto internacional.
Para cristalizar este sueño colectivo hay que trabajar por
llevar adelante nuestros propios procesos de organización
y diseñar nuestros propios programas de vida. Tenemos capacidad
para hacerlo, aunque se nos ha presentado como irresponsables o
incluso como ilusos. Nuestra respuesta es que los irresponsables
son otros; son aquellos que imponen sus planes de un desarrollo
imposible, marginan la participación ciudadana, generan la
violencia y destruyen la Naturaleza. No negamos la modernidad, sino
que alertamos sobre el mal uso que de ella se hace en función
de las demandas del capital. Por el contrario esperamos contar con
respuestas que genuinamente estén orientadas hacia las necesidades
de los pueblos del Ecuador.
Y tenemos que comprender que este sueño colectivo sólo
será posible con la acción colectiva y unitaria de
los desposeídos, quienes deben tener siempre presente que
quienes luchan separados serán derrotados juntos.
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